Muchas veces la recreación nocturna pasa la cuenta, sobre todo cuando se anda con ánimo festivalero y de fin de semana. No lo va a saber mi buen amigo el Gato fritz (que como copiloto maneja al revés y al derecho la dicha de dormir en el asiento, en condiciones generalmente adversas, dejando la mayoría de la veces al que escribe sólo y con la dura misión de llegar a buen puerto).
Ustedes podrían creer que soy un Meteoro al volante, pero con suerte me alcanza para un Eliseo Salazar en la fórmula 3000.
No soy un natural en las cuatro ruedas, pero Jebús dándose cuenta de mi básico poder automovilístico, me ha regalado el mágico don de la resistencia al volante.
Me desempeño bien como conductor de distancias largas. Mi palmarés mecánico tiene dos grandes hitos, un regreso de noche desde Rio de Janeiro a Sao Paulo con un primo oriundo de la zona y un viaje hasta Pan de Azúcar en el norte de Chile en un verano que ya parece muy lejano.
El norte fue particularmente difícil ya que la aridez visual de los alrededores no era muy alentadora que digamos (el ver a mis amigos dormir por el retrovisor tampoco).
Saco a la palestra mi pedigrí móbil, porque el viernes pasado tuve que volver a emplearlo luego de los desaciertos garrafales del gato fritz como copiloto (sorteamos con inesperado éxito una metida contra el tránsito, desorientación general, una vieja cuidadora de autos en el barrio Brasil, que parecía sacada de una película de David Lynch, a la que le robaban los autos rojos "dos hombres con celular y en coche blanco" y un recital de los Ex y La Floripondio con slam incluido).
Y si el regreso a casa en condiciones débiles a veces es díficil, el día siguiente puede ser peor si te toca un viaje express a la costa.
Pero por suerte, sólo por suerte, quizás en otra vida podría llegar a ser un camionero.
